Contar con una sauna en el hogar ya no es un lujo inalcanzable. Ahora se puede contar con ellas y disponer de ese espacio para desconectar, cuidarse y realizar un ritual diario sin necesidad de salir de casa.
No hablamos solamente de calor, es contar con un rincón donde poder disfrutar de la salud, el descanso y la pausa mental que a veces es tan complicada en la vida contemporánea.
¿Por qué plantearse una sauna en casa?
Entre sus virtudes está la sensación de calor de inmediato. Esto hace que sea más sencilla la relajación muscular, puesto que ayuda a que se liberen las toxinas mediante el sudor, mejorando la sensación de bienestar y favoreciendo la higiene de la piel.
Estamos ante un refugio en lo psicológico. Pasar un rato en la sauna puede ser un ritual que marque el cierre de la jornada, de tal modo que sea una transición entre el trabajo y la vida personal. Las personas que practican deporte se benefician de su aporte a la recuperación muscular y de un espacio para calmar las tensiones. Si eres de los que pasan mucho tiempo de pie o sentados, también alivia y ayuda a desconectar.
Clases de saunas domésticas
En el mercado hay modelos pensados para el hogar, como nos confirman desde Saunas Luxe, que responden a una serie de espacios y necesidades.
Se puede decir que hay dos grandes grupos: las saunas secas (tradicionales o de infrarrojos) y las saunas de vapor (húmedas).
Las saunas secas funcionan como un generador de calor que calienta piedras. El ambiente es seco y alcanzan temperaturas altas con humedad baja. Son reconocibles por su olor a madera caliente y es posible echar agua sobre las piedras para que aumente la humedad de manera puntual. Las saunas de infrarrojos calientan el cuerpo más directamente y a temperaturas más moderadas. La sensación es de menos agobio para las personas que no toleran el calor extremo y son más eficientes en cuanto al consumo de energía. En el caso de las saunas de vapor, se crea un ambiente húmedo y suave que algunos prefieren por el gran confort respiratorio; a pesar de ello, necesitan un control de la condensación y cuentan con materiales resistentes a la humedad.
Cada clase tiene sus pros y sus contras en cuanto a la instalación, consumo, mantenimiento y experiencia. La elección dependerá de cuánto calor se tolere, del uso que se le dé y del espacio que haya disponible.
Ubicación e integración en la vivienda
La decisión sobre dónde se ubica la sauna es una de las claves del proyecto. La opción más habitual es que se encuentre próxima al cuarto de baño por practicidad. Se puede uno bañar después de cada sesión, darse una ducha fría, por ejemplo. Del mismo modo, también se puede colocar en una habitación interior diáfana, un sótano que tenga buena ventilación o hasta una terraza cubierta, siempre que la instalación cumpla con las debidas condiciones en cuanto a aislamiento y protección frente a la intemperie. Fundamental prever el acceso, que haya una adecuada ventilación y una base sólida. Las saunas de menor tamaño pueden ser módulos prefabricados que se instalen en un hueco, mientras que las construcciones que se hagan a medida precisan de obra y planificación. Cuando se piensa en la reforma del baño o habilitar un espacio nuevo, lo mejor es tomarse un tiempo para así poder planificar mejor los conductos eléctricos, la protección antihumedad y la evacuación de la condensación.
Materiales y diseño
La madera es la protagonista dentro de la sauna porque es resistente al calor, tiene una baja conductividad térmica y proporciona una sensación de lo más acogedora. Existen maderas como el freno que se usan porque son menos calientes al tacto y son más estables ante los cambios de temperatura. El exterior se puede integrar con revestimientos contemporáneos, vidrio para mayor sensación de amplitud o piedra en las zonas de transición.
El diseño actualmente está más enfocado a la creación de atmósferas, donde haya una iluminación cálida y regulable, así como bancos a diferentes alturas que modulen la intensidad del calor. Algo que es muy importante es la ergonomía, donde haya asientos con respaldo cómodo, alturas adecuadas y bastante espacio para poder tumbarse o sentarse a diferentes niveles. El aspecto a nivel de diseño no es algo superfluo, puesto que ayuda a una mejor experiencia global y a que la sauna se use con más frecuencia.
Instalación eléctrica y seguridad
La sauna implica potencia eléctrica. Es fundamental tener una buena instalación adecuada y una elevada protección. En las saunas eléctricas, tanto el calentador como las resistencias precisan una línea dedicada y protección contra las sobrecargas. Las saunas de infrarrojos consumen menos energía que las de toda la vida, pero precisan de instalación profesional.
La seguridad no debe quedar al azar
Hay que contar con termostatos que sean fiables, mandos accesibles, desconexión automática y una adecuada iluminación de emergencia. Del mismo modo, es conveniente instalar detectores de humo y estar seguros de que la sauna no comparte circuitos con electrodomésticos que puedan llegar a disparar los picos de consumo. Cuando el sistema incluya vapor o agua, el diseño eléctrico deberá adoptar protecciones extra contra la humedad.
Higiene y mantenimiento
El mantenimiento de la sauna en buen estado es sencillo si se hace regularmente. La ventilación después de cada uso, la limpieza de superficie, la revisión del estado de las piedras o evitar los productos químicos que puedan ser agresivos son tareas básicas. En las saunas de vapor se debe controlar el tratamiento del agua y prevenir que proliferen hongos gracias al secado y la limpieza periódica. De cara a contar con un buen mantenimiento, ello implicará una revisión del cableado y de los termostatos anualmente, y en estructuras fijas, control de las juntas y sellados de tal forma que se eviten humedades que estropeen la madera con el tiempo.
Normativa y permisos
Antes de que se instale una sauna de manera permanente, lo mejor es informarse sobre la normativa a nivel local. En las reformas que puedan implicar obra, cambios en la instalación eléctrica o ampliaciones, es posible que haya que solicitar permisos y cumplir con requisitos de seguridad o de construcción. Lo mejor es consultar con profesionales y con el ayuntamiento, lo que evitará sanciones y problemas posteriores.
Experiencia de uso: ritual y buenas prácticas
Utilizar la sauna con precaución es importante. Se debe comenzar con sesiones moderadas e ir aumentando la duración de las mismas dependiendo de la tolerancia, manteniendo la hidratación antes y después, alternando calor con periodos de enfriamiento o de duchas frías, sin exceder los tiempos recomendados. La sauna en casa se disfruta mejor cuando es un ritual. Recuerda que ser regular es lo que ayuda a que la sauna pase a ser una costumbre beneficiosa.
Eficiencia energética y sostenibilidad
Actualmente, las saunas de hogar buscan eficiencia. En este caso, los modelos de infrarrojos y los sistemas que tienen un aislamiento mejor reducen el coste de energía.
Coste y retorno: inversión sensata
La instalación de una sauna implica una serie de costes iniciales por el equipo, la obra y la instalación. A todo ello se le suma el gasto de energía y el mantenimiento. Muchas familias valoran el retorno en calidad de vida, con menos desplazamientos a centros de bienestar, un espacio de relajación propio y una mejora en cuanto al descanso y la recuperación muscular.
Se debe considerar a la sauna como una inversión en salud y bienestar; ello ayuda a valorar los costes reales. Así que ya sabes, ahora te toca a ti elegir una.

