Si reformas tu casa y la conviertes en una de lujo, le sacas más de alquiler

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Yo también quiero entrar en una casa y sentir que he encontrado una casa perfecta, una casa preparada en la que no voy a tener que invertir mucho tiempo y dinero para que quede funcional, pero muchos propietarios no se dan cuenta de que una reforma cansa, y nos venden casas que necesitan varios arreglillos.

Lo que esta gente no sabe es que, si la alquilas con una reforma bien hecha, puedes conseguir más dinero. Cuando lo piensas fríamente, tiene sentido, porque cada vez más gente alquila en vez de comprar, así que buscan un sitio donde estar bien.

Lo que pasa es que muchos propietarios creen que reformar es una especie de gasto innecesario, como si fuera un gasto irracional, pero no es así. Basta con mirar lo que pide la gente hoy y lo que están alquilando otros propietarios cerca.

 

Una reforma multiplica el valor de tu alquiler

Cuando hablo con propietarios que tienen pisos sin reformar desde hace quince o veinte años, siempre me dicen lo mismo: “Si funciona todo, ¿para qué cambiarlo?”. Y sí, funciona, pero eso no significa que la vivienda guste o sea adecuada a la realidad actual. Una cocina antigua no falla porque se rompa, falla porque espanta a quien la ve (además, que funcione ahora no significa que, por antigüedad, deje de funcionar dentro de unos meses). Igual con los baños antiguos o calderas más antiguas que mi primera bicicleta.

El alquiler funciona mucho por primera impresión. La gente entra, mira y decide en segundos si le gusta o no. Cuando el piso parece nuevo, con una cocina moderna, un baño que se ve limpio y actual y una distribución cómoda, el inquilino se siente en un sitio donde viviría sin pensárselo. Y ahí está la clave: cuando das esa sensación, puedes pedir más alquiler sin parecer exagerado.

Hay estudios que dicen que una reforma integral bien hecha puede subir el valor del alquiler entre un 15% y un 30%, incluso más, si estás en zonas donde la demanda es alta. No tienes que dejarte un dineral, pero sí hacer cambios que sean buenos para el inquilino. Por ejemplo, una cocina abierta, unificar suelos, mejorar la iluminación o pintar paredes con colores neutros que den amplitud. Todo esto hace que el piso parezca más cuidado y actual.

Además, cuando lo reformas, atraes a inquilinos que, normalmente, cuidan más la vivienda. La lógica es sencilla: si pagas por algo que está bien, lo mantienes bien. Una vivienda cuidada atrae gente que quiere cuidarla también y eso se nota a largo plazo.

 

Reformas que suben el precio del alquiler sin arruinarte

Una de las cosas que más me sorprende es que la gente relaciona “reforma” con “gastar mucho dinero”, y no tiene por qué ser así, hay muchas cosas que puedes hacer que no cuestan tanto y que cambian completamente la vivienda. Por ejemplo, cambiar el suelo por uno continuo tipo laminado. No es caro y da un aire moderno al instante. También puedes renovar puertas, armarios y rodapiés. Parece poca cosa, pero transforma el ambiente.

Otra reforma con mucho impacto es la cocina. No hace falta llenarla de equipamiento caro, con muebles limpios, colores neutros y electrodomésticos sencillos pero nuevos, quedará genial. Si puedes abrirla al salón, mejor todavía, porque ahora todo el mundo quiere espacios abiertos.

En el baño pasa lo mismo. A veces basta con cambiar el plato de ducha, poner una mampara nueva, renovar el mueble de lavabo y alicatar solo una zona para que quede actual. Incluso cambiar la grifería ayuda más de lo que parece. Y si añades un espejo grande, mejor aún.

Luego está el tema de la luz. Hay pisos que parecen pequeños solo porque están mal iluminados. Cambiar las lámparas, añadir luces LED y usar tonos más claros en las paredes hace que el piso parezca más grande. Y eso siempre suma.

La carpintería exterior también es importante. Unas ventanas nuevas mejoran el aislamiento y la eficiencia. Eso significa menos ruido y menos frío, dos cosas que aumentan muchísimo el atractivo del piso. Sí, aquí se invierte un poco más, pero también se recupera antes.

 

Cómo saber qué reformas subirán tu alquiler y cuáles son un gasto sin sentido

Por ejemplo, si renuevas toda la instalación eléctrica pero por fuera todo sigue igual de viejo, no vas a poder subir mucho el alquiler aunque hayas invertido bastante. Eso está bien hacerlo, pero no es lo que marca la diferencia visual.

Lo más rentable es lo que se ve y lo que se usa a diario: cocina, baño, suelos, iluminación, pintura. También el mobiliario, si decides alquilar amueblado. Ahí conviene comprar muebles bonitos pero resistentes. Y por favor, nada de muebles enormes que ocupen medio salón. Cuanto más sencillo y práctico, mejor. Incluso puedes optar por piezas básicas de buena calidad y combinarlas bien para que la casa funcione sin parecer un trastero.

Otra cosa importante es que revises los anuncios de tu zona. Ve qué ofrecen otros propietarios, mira los precios y compara. Si ves que todo el mundo alquila pisos reformados y el tuyo parece antiguo, ya sabes que no vas a competir. Pero si lo pones al nivel del resto o incluso un poco mejor, será fácil subir el alquiler.

También recomiendo pensar en el tipo de inquilino que quieres atraer. Si buscas parejas jóvenes, por ejemplo, valoran muchísimo una cocina práctica, un baño moderno, espacio para teletrabajar y zonas despejadas. Si quieres atraer familias, quizá prefieras priorizar el almacenamiento, suelos fáciles de limpiar y una buena distribución.

 

Qué pasa cuando conviertes tu casa en una vivienda de lujo

Llamo “de lujo” a esos pisos que no son ostentosos, pero sí tienen un nivel muy superior al promedio. No hablo de mármoles caros ni muebles inaccesibles, hablo de calidades buenas, diseño cuidado y estancias cómodas. Ese tipo de lujo es el que te permite subir el alquiler sin que parezca desproporcionado.

Cuando el piso tiene un nivel así, ocurre algo curioso: la gente no discute el precio. Lo ve, pregunta por la disponibilidad y, si puede permitírselo, lo alquila sin intentar rebajar. Porque entiende que está pagando por un sitio donde va a estar muy bien. Y eso te da una ventaja enorme como propietario.

Otro punto es que el piso dura más tiempo en buen estado. Los materiales buenos se estropean menos. Las reformas hechas con cabeza no generan problemas constantes. Y al tener inquilinos que cuidan la vivienda, todo se mantiene mejor. Al final es una rueda que funciona sola.

También notas que hay menos rotación de inquilinos. Si alguien está cómodo, no se va. Y cada vez que no tienes que buscar nuevo inquilino, te ahorras anuncios, visitas, trámites y posibles vacíos de meses sin cobrar. No parece importante, pero al final suma muchísimo.

 

Cómo destacar tu vivienda frente a las demás

Los detalles importan más de lo que pensamos. Un piso con interruptores modernos, tiradores nuevos en muebles y buena iluminación ya gana enteros. Lo mismo pasa con una distribución bien pensada, muebles ligeros y colores suaves. No necesitas complicarte.

También recomiendo invertir un poco en aislamiento. Un piso silencioso gusta mucho más que uno donde escuchas todo lo que pasa fuera. Un pequeño cambio como eso puede hacer que la gente esté dispuesta a pagar más por vivir tranquila.

Y aquí quiero meter un consejo que escuché hace poco en una reforma que vi de cerca, donde estuvo involucrada Bayeltecnics, un estudio de interiorismo y reformas integrales, conseja que, si quieres que tu reforma sea rentable, elijas materiales que aguanten el ritmo del día a día y evita modas demasiado pasajeras. Así ganarás tiempo y dinero sin entrar en gastos repetidos.

 

¿Dinero instantaneo, o inquilinos duraderos?

Cuando te preguntas si prefieres dinero rápido o inquilinos que se queden mucho tiempo, la decisión parece fácil, pero no lo es. Cada opción tiene su lado bueno y su lado complicado.

El dinero instantáneo llama la atención porque llega ya. Sirve para tapar un imprevisto, pagar algo urgente o sentir que solucionas un problema en un día. Pero también se acaba enseguida. No da estabilidad y no puedes apoyarte en él para planificar los próximos meses.

Los inquilinos duraderos funcionan de forma diferente, porque no te dan ese “respiro inmediato”, pero sí dan algo que, con el tiempo, vale más: tranquilidad. Tener a alguien que paga a tiempo, que cuida la vivienda y que no se marcha cada pocos meses cambia totalmente la experiencia de ser propietario.

Además, evita líos. No tienes que estar buscando a gente nueva, revisando contratos, organizando visitas o cruzando los dedos para que el siguiente inquilino salga bien. Con alguien estable, todo se vuelve más simple.

La pregunta de fondo es esta: ¿quieres resolver algo urgente ahora o quieres vivir con menos preocupaciones durante años? Porque el dinero rápido sirve solo para hoy. Los inquilinos duraderos sirven para mañana, para el mes que viene y para el año siguiente.

Ninguna opción es mala, pero son caminos diferentes. Si necesitas una solución inmediata, el dinero rápido es útil. Si quieres estabilidad, descanso mental y pagos constantes, un inquilino que se queda gana por mucho.

Al final, es elegir entre rapidez o calma. Y solo tú sabes qué te hace falta en este momento.

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