De romanticismo va la cosa

De romanticismo va la cosa

Por autor: 

22 enero, 2018

Hay veces en que las parejas adoptamos ciertas tradiciones propias que se convierten en algo así como “momentos especiales” que no queremos cambiar por nada ni por nadie. De hecho, si algún año empiezan a fallar esas tradiciones nos ponemos alerta sabiendo que algo va mal. La mayoría de nosotros tomamos la fecha del aniversario, e incluso el día de San Valentín, como un momento perfecto para implantar una de esas tradiciones especiales: tal vez salir a cenar, sorprender a nuestra pareja o hacerle un regalo, pero no tiene por qué ser necesariamente uno de esos días.

Mis padres, por ejemplo, mantienen una tradición muy especial en el inicio del verano pues es para entonces cuando él, como dueño y gerente de su empresa, hace números y ve los beneficios que ha obtenido durante el año.

Todo comenzó cuando, de recién casados, montaron la pequeña empresa de reformas que por aquel entonces les daba de comer. Los primeros años no podían permitirse ningún lujo, pero a partir del quinto pudieron hacer una cena de beneficios con sus dos empleados y una cena privada para celebrar que, por fin, todo parecía ir bien. Ahora que aquella pequeña empresa familiar se ha convertido en una empresa con asociados en toda España siguen manteniendo esa cena especial, año tras año, justo después de conocer los beneficios anuales. Algo que para ellos es todo un acontecimiento.

Este año será especial

Es mi padre el encargado de, mientras termina de hacer números (aunque ahora lo hace todo una gestoría y él sólo recibe el resumen), organizar algún tipo de sorpresa especial. El año pasado se llevó a mi madre a pasar el día a un Spa y luego regresaron a casa para cambiarse e ir a cenar juntos a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Y ella, cuando se acercan esas fechas, se va de compras para estrenar vestido nuevo. Pero este año todo va a ser mucho más especial.

Mi padre, estas pasadas Navidades, le volvió a pedir a mi madre que se case con él en la próxima cena de beneficios. Dice que será como reafirmar que quieren seguir pasando su vida juntos celebrando lo que han conseguido levantar con tanto esfuerzo y durante tantos años. Mi madre dijo que sí, y ya os podéis imaginar que si todos los años se preocupa por conseguir el mejor vestido, lo de este año va a ser toda una odisea. Dice que quiere llevar un vestido de novia tradicional durante los votos (que se celebrarán en petit-comité con la familia más cercana en el jardín trasero de la vivienda familiar) y luego quiere llevar un vestido flamenco de gala (es lo que tiene tener una madre de Cádiz que vive en Bilbao y echa de menos su tierra). Así que me ha puesto a mí y a mi hermana en solfa diciéndonos que vamos a ser como sus damas de honor… En mi opinión creo que ha visto demasiadas películas románticas americanas, pero ese es otro tema. Así que ahora somos las encargadas de acompañar a mi madre a probarse medio Bilbao y, por supuesto, medio Cádiz, en búsqueda y captura de los  ansiados vestidos.

Yo llevo ya unos quince días viendo catálogos de novias por Internet y le he dicho que la primera cita la tendremos en Joana Diestre, una empresa especializada de la que me han hablado muy bien. Mi hermana, que vive en Cádiz por trabajo, es la encargada de buscarle el segundo vestido, y por ahora me ha dicho que está pensando en hacer una excursión a Sevilla porque le han recomendado esta tienda de trajes de flamenca cuya sede está en la capital andaluza.

Al final me parece a mí que todo se nos está yendo un poco de madre y lo que iba a ser una reunión familiar, una especie de fiesta para celebrar tanto el matrimonio de mis padres como la empresa que levantaron juntos, se está convirtiendo en un evento por todo lo alto, en petit comité supuestamente, pero por todo lo alto. Eso sí, tengo que decir que a mí me encanta tanto romanticismo, ojalá tengamos todos algún día algo así… ¿verdad?