Asesores inmobiliarios independientes

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4 octubre, 2017
Cuando falleció mi tía abuela, heredé en propiedad de una lujosa y antigua casa suya de estilo colonial ubicada en un selecto y distinguido barrio de Madrid. El mayor problema a todo ello, es que yo no residía en la capital española y que no tenía, además, ningunas ganas de instalarme allí. Con ello, la casa en cuestión necesitaba ser reformada y modernizada, y yo no disponía del dinero necesario para meterme en obras. En lo que se refería a mí, yo vivía en el norte, concretamente en Asturias, y me sentía muy a gusto allí. Tenía un piso pequeño pero muy bonito y céntrico en Avilés, una novio con casa propia también (nunca habíamos sentido, ni él ni yo, la necesidad de instalarnos juntos a pesar de llevar saliendo más de una década los dos, y en verdad así estábamos la mar de bien). Todo ello, para deciros que más que nada, no sabía qué tenía que hacer con esa casa que me caía así de repente y decidí por eso que, quizá, lo mejor para mí era de ponerla a la venta.